Queremos que los jugadores jueguen concentrados, que no protesten, que no discutan las decisiones del entrenador, que no se distraigan con las chicas de la grada, que no olviden los sistemas de juego y que, sobre todo, rindan al 100% en cada acción del partido.
Parece ser que se está empezando a confiar en la preparación psicológica del jugador como un plus del entrenamiento pero, ¿tiene en cuenta esta disposición mental el entrenador sobre su propia actuación?
Parece ser que se está empezando a confiar en la preparación psicológica del jugador como un plus del entrenamiento pero, ¿tiene en cuenta esta disposición mental el entrenador sobre su propia actuación?
A lo largo del partido, tanto jugadores
como entrenador van experimentando un intenso viaje por el mundo de las emociones:
euforia, enfado, miedo, confianza,
ambición, responsabilidad,
inseguridad, frustración,
relajación… Cada acción y reacción ejecutada va acompañada por una emoción
particular con cada individuo.
Si se da por hecho (erróneamente)
que los jugadores deben ser capaces de afrontar
de una forma eficaz este gran vaivén emocional, el entrenador debe ser
el primero que sea consciente de que a él también le afectan las emociones
conforme va avanzando el partido y debe estar preparado para ello porque su
rendimiento con el equipo también estará supeditado al autocontrol emocional
que muestre.
Como sujeto humano que somos no
podemos evitar sentir las emociones que nos llegan en cada momento y además, tampoco debemos ir en contra de ellas. Lo que
sí debemos hacer es aprender a
canalizarlas y controlarlas. Tanto la euforia desmedida como un enfado
exagerado pueden sacarnos del partido durante unos minutos en los que se estará
dejando de ver la realidad objetiva de lo que está pasando e incluso, en
algunas ocasiones, puede hacer cambiar el rumbo del partido sin que sea el
entrenador el que esté controlando ese cambio. No se trata de no mostrar
emociones sino de mostrar aquellas que nos interesen en cada momento y además se muestren bajo nuestro
control.
CANALIZAR LAS EMOCIONES. En un momento determinado es posible
que interese mostrar enfado con el equipo para provocar una reacción en los
jugadores. Hasta ahí, bien. La eficacia de este enfado se obtendrá en función
de que ese enfado esté controlado por el entrenador y se esté usando como
estrategia:
✓ Sé por qué y para qué voy a mostrar
enfado.
✓ Lo tengo planeado y sé lo que voy a
decir.
✓ He dicho lo que quería decir. Lo he
controlado.
Algo totalmente diferente y erróneo sería
dejarse llevar por el calentón del momento y mostrar malas formas y palabras
provocadas por un enfado espontáneo y desmedido:
✓ Mis jugadores no hacen lo que les
digo.
✓ Ya estoy harto, se van a enterar…
✓ Pierdo las formas y lanzo mensajes hirientes
y desproporcionados.
✓ ¿He dicho lo que quería decir? No
lo he controlado.
Otra situación habitual muy peligrosa puede ocurrir cuando la actuación
del equipo está siendo mejor de lo esperado y la euforia momentánea sube por
las nubes al equipo cuando todavía queda partido por delante. Quizás el corazón
pide dejarse llevar por la alegría tras el esfuerzo realizado hasta ahora. Ahí
debe entrar en juego la mente para poner los pies en la tierra y no perder la
perspectiva del partido.
Especialmente importante es cuando
el equipo está decaído y necesitan una dosis de energía desde el banquillo que
les active. No bastará solo con teoría.
Cuidado con el cabreo contra el
árbitro que es capaz de sacar tan rápido del partido a un entrenador. Si
aparece la sensación de impotencia que provoca pensar que se está siendo maltratado
injustamente las consecuencias negativas pueden ser irremediables.
CONTAGIAR LAS EMOCIONES. La excusa "yo soy el entrenador y sé lo que hago" no engaña durante
mucho tiempo ni al equipo ni al público. El entrenador dirige a sus jugadores tácticamente
pero también les contagia sus emociones y estado de ánimo. Y esto, además, no solo lo hace con
sus palabras, sino también con sus gestos y postura corporal.
El jugador busca un refuerzo de su
entrenador constantemente; espera su felicitación o su corrección, la busca con
su mirada. En ese momento, el entrenador debe cuidar que una cara “no
controlada” o la ausencia de un gesto de aprobación envíen un mensaje erróneo
al jugador y le hagan sentir una emoción no apropiada para ese momento.
¡Cuidado! Que esto pasa en numerosas ocasiones sin que el entrenador sea
consciente de ello…
Haciendo autocrítica, el entrenador
podrá analizar cómo se escapan puntos e incluso partidos por no haber sabido
controlar estas situaciones. Y decimos que los jugadores se han venido abajo o
que se han confiado demasiado. O justificamos que han entrado en el juego de
los árbitros, cuando no se ha dejado de protestar desde el banquillo…
ENTRENAR LAS EMOCIONES. ¿El protestón nace o se hace? Se
hace y puede deshacerse entrenando:
1) Situación / Estímulos precedentes
- Observarse y pensar en qué momentos se pierde el control en la dirección de un partido.
- Analizar qué es lo que se siente justo antes de perder el control.
- Identificar qué señales pueden ayudar a darse cuenta de que uno está a punto de dejarse llevar.
2) Conducta
- Describir qué es lo que se hace y se dice en ese momento (mensajes, gestos, actitudes…).
3) Consecuencias / Resultado
- Anotar cuál ha sido el efecto provocado en el equipo con la reacción, tanto en partido como en posibles entrenos.
Si las consecuencias no han sido las
deseadas o crees que pueden mejorarse, es el momento de ponerse a trabajar en
ello. ¡Ánimo!
Hola Ana,
ResponderEliminarCiertamente un post interesante. Lo que yo me cuestiono es...¿la reacción del equipo ante un estímulo es siempre el mismo? Porque yo diría que no (basado en simples sensaciones, no en teoría he de decir). Es decir, ante un grito, hay veces que el equipo responde y reacciona de manera positiva, y otras que no. Por eso creo que la actuación del entrenador debería estar en constante alerta, poseer un amplio abanico de recursos que en función de circunstancias (trascendencia del partido, rival, nivel de juego mostrado por el equipo, errores, y cientos de etcéteras) pudiera usar. Porque lo que hoy funciona, tal vez mañana no. Sea a nivel individual o colectivo. ¿Puede ser?
Un saludo y felicidades por estos primeros pasos de algo seguro grande!
Qué tal, Oli, gracias por atreverte a opinar ;) Como bien dices, ningún estímulo nos asegura una determinada reacción del equipo y menos aún de todos los jugadores. Cuanto más recursos tengas para utilizar ante las posibles dificultades que puedan aparecer, es posible que puedas pensar que estás mejor preparada pero lo que más va a ayudarte a elegir qué estímulo presentar es el conocimiento de tu grupo de jugadores y sus reacciones ante situaciones parecidas. Además, si el grupo está cohesionado, puedes llegar a conseguir que un jugador, que a priori no respondería de la forma apropiada, lo haga contagiándose de la fuerza del equipo. ¿Y cómo conocemos mejor a nuestros jugadores? Hablando con ellos y observando primer paso. ¡Un beso!
ResponderEliminar