No se hace raro escuchar valoraciones sobre algunos
deportistas comentando su diferente rendimiento entre partidos y
entrenos. "No sé qué le pasa en los partidos, si es que se pone nervioso o qué... pero no termina de arrancar. ¡Con lo bien que está entrenando!"
Las causas de esta diferencia de rendimiento pueden ser múltiples. Desde el punto de vista psicológico, uno de los posibles motivos es la falta de autoconfianza en el deportista, acentuada por los factores estresantes que conlleva la competición.
Sin embargo, cuando vemos que el jugador realiza buenos entrenamientos y acumula una amplia experiencia en partidos de gran impacto mediático, la explicación de que se ponga nervioso puede parecer poco convincente.
Sin embargo, cuando vemos que el jugador realiza buenos entrenamientos y acumula una amplia experiencia en partidos de gran impacto mediático, la explicación de que se ponga nervioso puede parecer poco convincente.
Un jugador, por muy profesional que sea y por muchos años de experiencia que tenga, puede experimentar momentos y situaciones, deportivas y/o personales, que hagan que su autoconfianza se vea mermada. Aunque lleve años coleccionando medallas y acapare balones del mundo. Una lesión inoportuna, mal rendimiento cuando por fin ha conseguido la titularidad, porcentajes de tiro muy por debajo de su nivel habitual, fichajes competitivos en su posición, cambio de entrenador, etc.
La calidad técnica y táctica no desaparece de un día para otro pero sí que pueden hacerlo las condiciones ambientales que permiten al deportista ejecutar sus habilidades físicas de manera estable. Nervios a la hora de lanzarse al suelo, dudas de si anticiparse o no, agarrotamiento al realizar el lanzamiento... Situaciones repetidas solucionadas exitosamente durante años. Y justo ahora, ¿se les ha olvidado?
La psicología deportiva nos ofrece varias líneas de trabajo para prevenir o reducir el estrés competitivo. Tras tener elaborado un plan de actuación en la competición, que incluya las posibles dificultades que puedan aparecer y las soluciones propuestas a ellas, es interesante realizar ensayos de la práctica del plan (en vivo o en imaginación) que puedan recrear situaciones muy parecidas a las que va a vivir el deportista cuando se enfrente a la competición. De esta forma, el jugador anticipa estados y sensaciones que podrían desestabilizarle durante la competición y procura aclimatarse a ellos, visualizando qué recursos podría utilizar y reducir su impacto si ocurre en partido.
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| Imagen vía eurosport.com |
El ensayo en vivo se realiza propiciando ejercicios y situaciones en entrenamientos que hagan que el deportista se ponga en situación. A la hora de planificar estas sesiones es muy importante respetar la regla básica en la que insiste Buceta, J.M. (1998) de "menor exposición a mayor proximidad de la competición". Ensayos de este tipo tienen una carga emocional muy intensa para los jugadores y sería muy perjudicial para ellos el exponerles a situaciones estresantes los días cercanos a la competición, puesto que bastantes condionantes ambientales tiene la propia competición por sí misma.
Este trabajo puede complementarse con el ensayo en imaginación (práctica imaginada). Se trata de recrear y visualizar dichas condiciones estresantes a través de la imaginación. Esta técnica permite al deportista visualizar la experiencia sensorial en cuestión, sin la presencia de estímulos externos. Gracias a ello puede mejorar su ejecución real, de una forma bastante potente (el portero Víctor Valdés, en su libro "Método V", habla de lo que le ha ayudado en su carrera esta técnica).
Cabe incidir que para llevar a cabo esta estrategia es imprescindible la presencia de un psicólogo deportivo que oriente las sesiones puesto que no se trata de imaginar cualquier cosa, de cualquier forma y en cualquier momento, lo cual podría ser más perjudicial que beneficioso. Existen dos fases para conseguir dominar la técnica: fase de entrenamiento y fase de aplicación. Es interesante conseguir que el jugador pueda realizar un ensayo en imaginación sin necesitar la presencia del psicólogo deportivo pero requiere entrenamiento y pautas muy concretas para poder dominarla. Claridad, precisión y control (Buceta, 1998) son criterios fundamentales que respetar en la aplicación de esta estrategia.
La autoconfianza es una de las variables psicológicas más difícil de controlar por parte del entrenador puesto que parte de una emoción muy personal y sensible del deportista. Puede tratarse de un trabajo lento, que debe tratarse con mucho respeto y cautela. Propiciar ensayos en condiciones de competición ayuda a aumentar la percepción de control del deportista, aspecto que refuerza su confianza. Eso sí, no olvidéis respetar la regla básica...


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