Ayer tuve la oportunidad de hablar de uno de mis temas preferidos en Psicología del Deporte en las III Jornadas técnicas de Waterpolo, organizadas por el Club Escuela Waterpolo Zaragoza en colaboración con la Universidad de Zaragoza y el Gobierno de Aragón. La sesión finalizó con una actividad práctica cuyo objetivo fue el de poder aplicar en primera persona la teoría desarrollada previamente y compartir experiencias con otros profesionales.
Os dejo un pequeño resumen de la idea principal de la charla. Si estáis interesados en conocer la parte práctica, no dudéis en preguntarme.
Para un deportista y, sobre todo para un entrenador, puede resultar algo incómodo compartir en voz alta las emociones que recorren su cuerpo y mente en situaciones de rendimiento deportivo. Se intercambian opiniones de la táctica utilizada, ejercicios para mejorar la técnica individual, cuánta carga física debe tener la próxima sesión… pero no es fácil escuchar una conversación sobre cómo evitar el miedo al fracaso al lanzar el próximo penalti o qué hacer para no perder los nervios si el partido no va según lo previsto.
Para atreverse a compartir estas
reflexiones, primero ha debido de existir un trabajo de auto observación. La
inteligencia emocional invita a ello, a mirarse hacia dentro para poder
controlar lo que se ve desde fuera. Este trabajo se puede dividir en cinco
categorías básicas: el auto conocimiento de las propias emociones, el control
de éstas y su adaptación a las circunstancias, la capacidad de auto motivarse,
la capacidad de crear empatía y el manejo de las relaciones interpersonales. Todas
ellas, aplicables en el mundo del deporte, pueden y deben entrenarse para
obtener un máximo rendimiento.
Materiales deportivos cada vez más
sofisticados, instalaciones completamente equipadas, análisis de vídeo con
aplicaciones digitales prácticamente “mágicas”… y el momento más importante de
la competición puede depender de si el entrenador, jugador, árbitro… ¿tiene un
buen día? ¿O se ha levantado con el pie izquierdo? Gracias a las múltiples posibilidades
que existen actualmente para compartir información, los manuales técnicos y
tácticos están al alcance de cualquiera que esté interesado en adquirir dicha
formación.
Sin embargo, ser capaz de crear,
inhibir o potenciar una emoción es algo más que soltar conocimientos por la
boca. Y en los momentos más inoportunos, quizás cuando menos lo esperamos, es
la presencia o la ausencia de la emoción la que nos lleva al lugar del éxito. ¿Lo mejor de todo? No se necesita
dinero para comprar emoción. ¿Manos a la obra?
Zaragoza,
13 Noviembre 2014
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