martes, 30 de junio de 2015

Sanciones evitables con consecuencias irreparables.

¿Alguna vez te han expulsado y tu reacción ha hecho que te pierdas la fase final del Campeonato? ¿Alguna vez has estado sancionado y no has podido ayudar a tu equipo como te hubiera gustado? ¿Has echado en falta a un compañero sancionado? ¿Te han expulsado de un partido y has dejado a tu equipo colgado? "Si hubiera jugado Fulanito..."

Hay expulsiones que forman parte del juego, que tenemos que incluso forzar para evitar males mayores en el partido... y nos sacrificamos por el equipo. Son esas expulsiones que aceptamos mas que nos pese porque sabemos que ha sido consecuencia de nuestra responsabilidad en otras acciones, o irresponsabilidad mejor dicho: por no haber bajado a defender antes, antes expulsión que gol, etc.

image
Son las expulsiones que no entendemos las que nos sacan de quicio. Las que consideramos incoherentes porque creemos que nuestra acción simplemente es fruto de las faltas recibidas, de la constante provocación del rival... No las vemos justas, ¡no son justas! y es entonces cuando nuestras reacciones pueden castigarnos todavía más


En ese momento, la ira que sentimos nos hace creer que todo lo demás no importa; incluso pensamos que el resto de tu equipo merece que reaccionemos así: no pensamos en lo que puede conllevarnos nuestro comportamiento porque en ese momento lo importante es  ¡que no nos tomen el pelo! ¿Realmente merece mi club, mi afición, mi club esas consecuencias? ¿Merezco yo echar por tierra mi trabajo anterior?

Jara (defensa chileno) se pierde la final de la Copa América por utilizar juego sucio, verbal y no verbal. ¿Acaso Jara no soñaba con jugar esta final... de la que ahora se queda fuera por dejarse llevar por su "capricho" del momento? Se borra de vivir un momento único e irrepetible con su selección. ¿Hay mayor castigo?

Neymar no pudo acabar con Brasil la Copa América. ¿Cómo hubiera sido el Brasil-Paraguay con él en el campo? ¿Será igual el pre-mundial sin él? Hay reacciones desmedidas que no deben ser justificadas y menos aún si eres referencia deportivapara miles de personas, para niños que sueñan con ser como tú, que tratan de imitar tanto tus regates como tus cortes de pelo. Orgullo para los ídolos... pero también una carga. ¿Cómo se sienten cuando se les achaca esta responsabilidad?

También somos responsables si únicamente nos viene a ver la gente del barrio. También somos responsables si "sólo" perjudicamos a nuestro equipo. Somos responsables incluso si solamente nos perjudicamos a nosotros mismos. Porque nadie quiere perderse el siguiente partido, porque a nadie le gusta perder los papeles. A nadie le gusta sentirse vulnerable haciendo deporte. Ni a jugadores, ni a entrenadores.

Pero además de tener una responsabilidad social, no es justo que deportistas que peleamos tanto, que hipotecamos momentos personales por conseguir un objetivo, común o individual,  lo echemos por tierra por culpa de "perder los nervios" en situaciones tan estresantes. No es justo con nosotros mismos porque hay demasiado trabajo detrás, enormes ilusiones, mucho tiempo invertido en algo que puede esfumarse en unos segundos. Y ante la posibilidad de "sufrir" una injusticia: trabajo, prevención.

Imagen de heraldo.es
vía Heraldo.es
A los que les cuesta hacer autocrítica, les costará reconocer públicamente su pérdida de control. Se intentará justificar la reacción con diferentes motivos y poca ayuda es que el entorno apruebe y defienda esas reacciones. Sin embargo, con el paso de tiempo, pocos jugadores se sienten orgullosos de ello, muchos cambiarían ese final.


Los que tienen fortaleza mental la demuestran en momentos extremos y cuando se piensa que se está sufriendo una injusticia es buen momento para ponerse a prueba. Estos deportistas están pidiendo ayuda a gritos. Y como todo, nuestras reacciones también se pueden entrenar. No será definitivo, pero ayudará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario