domingo, 12 de julio de 2015

Aceptación del error como parte del juego.

Ojalá pudiéramos hacer un partido perfecto. Uno en el que entraran todos los tiros, en el que no perdiéramos ningún pase en los 40 minutos. ¿Te imaginas?

El jugador que compite lo hace porque siente la necesidad de superarse día a día. Le gusta retarse ante otros y ante sí mismo. Quiere ser mejor, conseguir mejores resultados. Los resultados llegan tras un cúmulo de accionesrealizadas a lo largo del partido, habiendo tomado una serie de decisionesante los estímulos que se han recibido. Puedes convertirte en un gurú de la técnica individual. Ser un estudioso de esto y tener las ideas muy claras tácticamente. Lamento decir que aún así vamos a fallar. No sé decir cuándo ni dónde. Ni siquiera sé explicar cómo. Podemos analizar el porqué.

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Procura jugar tu partido perfecto pero no te “sorprendas” si no lo consigues. Durante la competición no podemos controlar todos los detalles. Podemos acercarnos… No obstante, siempre va a haber algo que se nos puede escapar: acciones de los compañeros, reacciones del rival, decisiones de los árbitros, conductas de los aficionados, etc. Comportamientos externos a nosotros, que no podemos elegir y pueden suponer un estímulo diferente  al que nosotros hubiésemos preferido. Pero es que además, nosotros mismos también podemos tener reacciones con las que no contábamos: cansancio acumulado, vulnerabilidad, dolor momentáneo… Causas que pueden derivar en falta de esfuerzo o falta de precisión.


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Mediante el entrenamiento, entrenadores y jugadores podemos y debemos trabajar para intentar controlar los máximos detalles posibles: conocimiento del juego, fortalezas del equipo, recursos del rival, ambiente de la pista, tendencia del conjunto arbitral… lo que consideremos necesario.

No obstante, algo fundamental aquí es que dentro de esta ambición de intentar controlarlo todo para ser los mejores, no caigamos en la tentación de ser tan obsesivos que seamos asesinos de la libertad y creatividad, siendo nuestro peor enemigo: si pensamos que nos va a salir todo bien, nos estaremos equivocando. Si no aceptamos que algo puede salir mal, nuestra reacción cuando esto ocurra será desmedida, centrando nuestra atención más tiempo de lo recomendable en ese error en lugar de minimizarlo en la acción siguiente. La consecuencia de esto es que la auto confianza del jugador / equipo se debilita. Si realmente encajamos el error como opción posible dentro del juego, podrá darnos muchísima rabia pero no perderemos el rumbo de las siguientes acciones.

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Debemos ser permisivos con el error, debemos aceptarlo, es necesario entenderlo. Ahora bien, ¿qué tipo de error debemos permitir? No es lógico conceder la falta de esfuerzo pero sí puede ser justificable aceptar errores de precisión. Detrás de una conducta de esfuerzo está el querer o no querer y como eso sí que depende de nosotros al 100% podemos y debemos recriminarlo: bajar a defender tras un mal tiro, bloquear al tirador, avisar a mi compañero del bloqueo… Acciones que sí que pueden ser reprochables porque "podrías haber hecho más", "no te has esforzado lo suficiente". 

Sin embargo, una conducta de precisión no depende solamente de querer o no querer. Hay que querer pero hace falta algo más que en momentos puntuales no podemos controlar. Puedo bajar a defender a máxima velocidad pero si el rival corre más que yo… Puedo bloquear el rebote pero si el balón sale disparado hacia otro lado… Puedo avisar a mi compañero del bloqueo pero si no pitan la falta en ataque… ¿Significa esto que debemos conformarnos con lo que pase? ¿Que podemos poner excusas? ¡Error! Significa que debemos perseguir nuestro máximo rendimiento, castigando nuestros errores de esfuerzo y siendo justos cuando aparezcan errores de precisión.

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Diferenciar este tipo de resultados y no castigar cualquier error, ayudará a que el jugador juegue con menos presión y más confianza. Potenciará su creatividad, su libertad en el juego. Veremos a jugadores entregados, más valientes a la hora de tomar decisiones. Además, los jugadores tenderán a ser más responsables de sus resultados, más realistas en el análisis tras el partido y el punto de partida para preparar los siguientes entrenamientos tendrá más sentido.
“Siempre lo intentaste. Siempre fallaste.Inténtalo otra vez. Falla de nuevo.Falla mejor.”

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